Sobre la forma de dormir de Gandalf y de los elfos.

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En esta entrada una pequeña curiosidad, un detalle de unos cuantos fotogramas, en El Retorno del Rey (2003) de Peter Jackson que engrandece las películas y que muestran el respeto de los guionistas hacia la obra de J. J. R. Tolkien.
Más de un espectador se habrá percatado que en el momento (al principio de la película) en que Pippin le quita el Palantir a Gandalf y lo sustituye por un jarrón con la intención de volver a mirar a través de la piedra vidente, Gandalf está dormido, pero no lo está, porque tiene los ojos abiertos.


Hay un momento en que Pippin duda porque Gandalf parece mascullar algo en sueños

Pero al final le da el cambiazo

La escena cocurre casi como está descrita en el libro de Tolkien, aunque no en el mismo lugar. He aquí el pasaje:

          Pippin no dijo nada más. Ahora estaba inmóvil, pero el sueño se negaba a acudir; y ni siquiera parecía asentarlo la suave y acompasado respiración de Merry, que se había dormido pocos segundos después de haberle dado las buenas noches. El recuerdo del globo oscuro parecía más vivo en el silencio de alrededor.  Pippin volvía a sentir el peso en las manos y volvía a ver los misteriosos abismos rojos que había escudriñado un instante. Se dio vuelta y trató de pensar en otra cosa.           Por último, no aguantó más.  Se levantó y miró en torno.  Hacía frío y se arrebujó en la capa. La luna brillaba en el valle, blanca y fría, y las sombras de los matorrales eran negras. Todo alrededor yacían formas dormidas. No vio a los dos centinelas: quizás habían subido a la loma, o estaban escondidos entre los helechos. Arrastrado por un impulso que no entendía, se acercó con sigilo al sitio donde descansaba Gandalf. Lo miró. El mago parecía dormir, pero los párpados no estaban del todo cerrados: los ojos centelleaban debajo de las largas pestañas. Pippin retrocedió rápidamente. Pero Gandalf no se movió; el hobbit avanzó otra vez, casi contra su voluntad, por detrás de la cabeza del mago. Gandalf estaba envuelto en una manta, con la capa extendida por encima; muy cerca, entre el flanco derecho y el brazo doblado, había un bulto, una cosa redonda envuelta en un lienzo oscuro; y al parecer la mano que la sujetaba acababa de deslizarse hasta el suelo.          Conteniendo el aliento, Pippin se aproximó paso a paso. Por último se arrodilló. Entonces lenta, furtivamente, levantó el bulto; pesaba menos de lo que suponía. «Quizá no era más que un paquete de trastos sin importancia», pensó curiosamente aliviado, pero no volvió a poner el bulto en su sitio.  Permaneció un instante muy quieto con el bulto entre los brazos.  De pronto se le ocurrió una idea.  Se alejó de puntillas, buscó una piedra grande, y volvió junto a Gandalf.          Retiró con presteza el lienzo, envolvió la piedra y arrodillándose la puso al alcance de la mano de Gandalf.  Entonces miró por fin el objeto que acababa de desenvolver.
J. R. R. Tolkien 
El Señor de los Anillos: Las dos Torres, 
Libro III, capítulo XI. El Palantir.



La forma de dormir de Gandalf se parece o es similar a la de los elfos. En realidad los elfos no parecen dormir de la misma manera en que los mortales lo hacen, ni siquiera parece que sea necesario que duerman, sino que entran en una especie de meditación interna en la que no es necesario cerrar los ojos. Un poco antes, en Las Dos Torres, Tolkien nos describe a Legolas durmiendo:


-Tú has viajado más lejos que yo -dijo Legolas-. No he oído nada parecido en mi propia tierra, excepto unas canciones que dicen cómo los Onodrirn, que los hombres llaman Ents, moraban aquí hace tiempo, pues Fangorn es viejo, muy viejo, aun para las medidas élficas.
-Sí, es viejo, tan viejo como el bosque de las Quebradas de los Túmulos, y mucho más extenso. Elrond dice que están emparentados y son las últimas plazas fuertes de los bosques de los Días Antiguos, cuando los Primeros Nacidos ya iban de un lado a otro, mientras los Hombres dormían aún. Sin embargo Fangorn tiene un secreto propio. Qué secreto es ése, no lo sé.
-Y yo no quiero saberlo -dijo Gimli-. ¡Que mi paso no perturbe a ninguno de los moradores de Fangorn!
Tiraron a suerte los turnos de guardia y la primera velada le tocó a Gimli. Los otros se tendieron en el suelo. Casi en seguida se quedaron dormidos.
-Gimli -dijo Aragorn, soñoliento-. No lo olvides: cortar una rama o una ramita de un árbol vivo de Fangorn es peligroso. Pero no te alejes buscando madera muerta. ¡Antes deja que el fuego se apague! ¡Llámame si me necesitas!
Dicho esto, se durmió. Legolas ya no se movía; las manos hermosas cruzadas sobre el pecho, los ojos abiertos, unía la noche viviente al sueño profundo, como es costumbre entre los elfos. Gimli se sentó en cuclillas junto a la hoguera, pensativo, pasando el pulgar por el filo del hacha. El árbol susurraba. No se oía ningún otro sonido.
J. R. R. Tolkien 
El Señor de los Anillos: Las dos Torres,
 Libro III, capítulo II. Los jinetes de Rohan


Hay algún otro pasaje donde se vuelve a mencionar el asunto de los ojos abiertos a la hora de dormir por parte de Legolas. Sin embargo, aunque parece que tanto Gandalf como los elfos duermen-meditan-descansan con los ojos abiertos, ello no es óbice para que les puedan sorprender tal como vemos que le ocurre al propio Gandalf o a otros elfos en otros escritos de Tolkien. Por ejemplo, en el Silmarillion, Ulmo se presenta en sueños de Finrod y de Turgon. Otro ejemplo pueden ser los elfos guardianes, ebrios de vino en el reino del Bosque Negro en El Hobbit, aunque en este caso la carga de vino ayuda al sueño y a Bilbo para montar la huida de los enanos.




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